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Comienza el juicio por la muerte de una menor en el verano de 2020 en el río Cares

Peñamellera Alta Sucesos
Comienza el juicio por la muerte de una menor en el verano de 2020 en el río Cares

El propietario de la empresa de turismo activo y los monitores acusados de un delito de homicidio por imprudencia grave por la muerte de una chica madrileña de 14 años en un descenso por el río Cares hace tres años no consideran que la actividad fuese peligrosa y han sostenido que no tenían constancia de que se hubiesen producido atrapamientos bajo el agua en el punto en el que tuvo lugar el accidente.

Los hechos por los que están siendo juzgados en el tribunal de lo Penal número 3 de Oviedo ocurrieron el 3 de julio de 2020 cuando la menor participaba en un descenso en canoa hinchable por el río Cares que había sido contratado por un campamento de verano de Comillas (Cantabria), al que la acusación particular que ejercen los padres también consideran responsable.

En un rápido, la joven quedó sumergida y atrapada en la grieta de un roca, conocida como el monolito, con la que había chocado su canoa, a la que sí logró aferrarse su compañera de embarcación y con la que pudo llegar a una zona del río más tranquila, aunque hasta unos diez minutos después del incidente nadie se percató de su ausencia.

«No son aguas bravas, aunque tampoco es un paseo tranquilito por una ría y hay vuelcos en los que pueden golpearse por lo que van equipados con neoprenos, chalecos y cascos», ha señalado el propietario de la empresa cántabra que organizó el descenso en canoa-raft para una veintena de niños de un campamento de surf.

Ha asegurado que siempre valora las actividades que lleva a cabo «para que sean divertidas y no peligrosas» y que este descenso se consideró así siempre hasta el día del accidente, ya que los participantes volcaban y jugaban sin problemas durante el descenso.

El empresario y los tres monitores que ese día dirigían la actividad se enfrentan a penas de cuatro años de cárcel y la inhabilitación para ejercer cualquier profesión relacionada con el turismo activo, así como al pago de 200.000 euros para la familia de la menor.

La acusación particular rebaja su petición a un año para cada uno de los monitores, y a tres para el empresario que organizó el descenso y para el responsable del campamento por los mismos delitos.

El empresario, que en un primer momento declaró que él iba con el grupo como monitor, ha reconocido hoy que «obró mal» pero que lo hizo por el golpe psicológico que supuso para todos.

Aunque dijo desconocer si los monitores tenían formación específica, ha declarado que los tres conocían el río, que al menos dos tenían capacidad suficiente y experiencia para hacer el descenso, que les había «orientado verbalmente» sobre el protocolo de actuación en caso de accidente y que si dos no estaban dados de alta en la Seguridad Social fue debido a cuestiones de la gestoría.

Uno de los guías que iba en medio del grupo, tras reconocer que fue «contratado para hacer de todo sin tener el título de monitor», pero que conocía bien el río y tenía experiencia, ha declarado que no se dieron cuenta que la chica no estaba hasta unos diez minutos después y a unos 250 metros aguas abajo de la zona del monolito, cuando su compañera de canoa dijo que faltaba.

Su jefe, ha añadido, les había dado indicaciones de cómo pasar el monolito, «que no era peligroso en sí, pero en el que había que tomar precauciones» por lo que uno de los tres guías debía vigilar el paso de las conoas, algo que ha dicho que sí se llevó a cabo, pero que no sabe exactamente durante cuánto tiempo.

El guía que dirigía al grupo y que iba en cabeza, también sin título de monitor, pero que había hecho el descenso con grupos más pequeños y de adultos en varias ocasiones, ha asegurado que vio volcar una canoa en ese punto y ayudó a subir a sus ocupantes, pero que no sabe lo que pasó con la que iba la fallecida porque su embarcación fue golpeada por otro y le arrastró la corriente.

Tras darse cuenta que faltaba una de los 18 menores del campamento que hacían el descenso, regresó hasta la zona del monolito donde trató «no menos de seis o siete veces» de llegar hasta donde creía que estaba el cuerpo, pero que se lo impidió la fuerte corriente, que provocó que tuviese que intervenir en el rescate los buzos de la guardia civil.

El tercer monitor, también sin titulación, había hecho el descenso del Cares tres veces y en esta ocasión era el encargado de cerrar el grupo y de evitar que nadie quedase rezagado, algo que creyó que se había logrado tras ayudar a tres niños que se habían caído y no ver a nadie más con problemas.

La acusación particular también considera responsable del accidente al campamento en el que la niña pasaba unos días, una empresa familiar cuyo gerente ha asegurado que llevaban haciendo este tipo de actividades desde 2018 y que, aunque era consciente de que era una bajada de aguas bravas, no lo consideraron una actividad de riesgo para mayores de 12 años.

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