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Singular protesta de un vecino de Ribadesella contra los daños del lobo en el concejo

Ribadesella Sociedad

Se llama Esteban Martínez, es vecino de Linares, núcleo rural del concejo de Ribadesella donde, desde hace años, se dedica a la cría de ovejas carranzanas, un rebaño que le ha reportado muchas alegrías en concursos regionales.

Esteban no es ganadero a título principal, pero es un profesional del campo. Le gusta el ganado porque lo ha mamado desde su más tierna infancia. Todas las horas libres que le dejan su trabajo las dedica al cuidado de sus ovejas y de tres cabras. El resto las vendió “para no dar de comer al lobo”, el mismo que acaba de comerse una de sus cabras. 

Una cabra de dos años y medio “comprada a capricho” por Esteban Martinez en La Borbolla. Una cabra que había parido en la pasada primavera, “cuyo cabrito me lo comió el raposu a la puerta de casa”. Hoy solo le quedan los restos de su madre, los que esta misma mañana encontró entre los montes de Calabrez y Linares. 

Cansado de callarse la boca, Esteban cogió los restos de su cabra y este mediodía los bajó a la plaza del Ayuntamiento de Ribadesella. En señal de protesta los colgó en la verja de una de las ventanas de la fachada principal de la Casa Consistorial y justo a la entrada se encontró con el alcalde, al que le espetó toda su frustración como vecino del medio rural. 

“Estamos hartos y se están riendo de nosotros. En Alea, Linares, Montealea y Calabrez llevamos aguantando esto desde la pasada primavera y aquí nadie hace nada. Estamos hartos y me da igual que me denuncien por desorden público, porque hay chavales que están empezando y perdiendo la ilusión por culpa del lobo”, espetó.  

El alcalde, el conservador Paulo García, le escuchó con paciencia y le dio su apoyo. “Tienes las puertas del Ayuntamiento abiertas para hablar del problema cuando quieras», le dijo. Pero Esteban quiere más y no se conforma con los 67 lobos que la Consejería prometió extraer en Asturias a partir del mes de septiembre. “Eso no sirve para nada, hay que actuar donde está matando de verdad”, dijo. 

Por ese motivo, tras concluir su protesta ante el Ayuntamiento, recogió el cadáver de su cabra y se fue con ella a la sede que la Consejería de Medio Rural tiene en Ribadesella, en el edificio del antiguo Hospitalillo. Allí hizo lo mismo. Ató la cabra a la entrada de la entidad pública y se adentró en las dependencias preguntando por la guardería rural. 

La única persona que en esos momentos estaba en la oficina pidió la presencia de la Policía Local. Esta se personó en el lugar y “cumpliendo con su trabajo, me quitaron la vara que llevaba, aunque en ningún momento tuve la intención de usarla y menos hacer daño a nadie por muy enfadado que estuviera”, explicó. Le reclamaron la filiación y ahora está a la espera de una posible sanción por desorden público. A Esteban le da igual. “Pienso defenderme donde haga falta, pero que sepan que ya no aguantamos más”, añadió. 

Esteban y el alcalde frente a la Casa Consistorial donde cuelgan los restos de la cabra

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