Una riosellana con grandes dotes para la artesanía y la decoración ha conseguido dar una segunda vida a las conchas de las ostras que se consumen en los restaurantes. En lugar de tirarlas a la basura para que acaben en un vertedero, ella las selecciona, se queda con las mejores -las que más le gustan- las limpia a fondo y las decora.
El proceso de decoración no es ni corto ni sencillo. Primero les hace una base de apoyo adaptada a cada concha natural para que quede firme y segura sobre cualquier superficie. A continuación les aplica una imprimación antes de fijar la decoración: motivos marineros, vegetales, animales,… lo que se le ocurra.
El siguiente paso, el más delicado, es la aplicación de barnices en el que es necesario respetar los tiempos de secado. Y por último, una mano de resina transparente segura y certificada para tener contacto con alimentos. Porque ese es el objetivo final, poder servir en cada concha un pequeño bocado: ensaladillas, caviar, tartar,…
Conchas de ostra que se recogen en los restaurantes y vuelven a los restaurantes como vajilla genuina y singular para uso individual. Tal ha sido el éxito que se están vendiendo como churros, viajando incluso a las mejores mesas de Kuwait. Capricho de dioses o mejor de jeques árabes.
Si quieren verlas en directo. Pásense hoy por el Mercadillo Pop Up Chic de Ribadesella, en el Paseo Princesa Letizia. Capricho de princesas.



