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Sabor, swing y tormenta: El XXXI Festival de Jazz de Ribadesella desafía a los elementos

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La música en directo tiene esa magia impredecible donde el clima, lejos de arruinar la fiesta, a veces se convierte en un miembro más de la banda. Así se demostró en la trigésimo primera edición del Festival de Jazz de Ribadesella, una cita condensada en dos conciertos intensos de viernes y sábado que transformaron la villa marinera en un hervidero de ritmo, superando los caprichos del cielo asturiano.

El Swing planta cara a la lluvia.- La apertura del festival prometía una noche de elegancia clásica y no defraudó. The Good Men Swingtet saltó al escenario dispuestos a hacer viajar al público a los años dorados del jazz. Con un repertorio impecable que revivió los mejores fantasmas del swing, destacando los temas de Benny Goodman, clarinetista y director de orquesta de jazz estadounidense, conocido como El rey del swing, de quien la banda adoptó su nombre. 

Para sorpresa de muchos de los presentes, la banda no se presentó sola, sino acompañada de una pareja de baile -Andrea y Tomás- que se encargó de ponerle cuerpo y movimiento a cada nota, contagiando el ritmo a los asistentes que abarrotaban el recinto. Por primera vez en tres décadas, el Lindy Hop hizo acto de presencia en el escenario de RibadeseJAZZ. 

Todo marchaba a ritmo de swing hasta que, a mitad del concierto, el festival vivió su momento más épico. Un generoso chaparrón de agua hizo acto de presencia de forma repentina. Lejos de desbandar al público o enfriar los ánimos, la lluvia pareció actuar como un catalizador de energía. La gente se agolpó bajo la carpa central de la Plaza Reina María Cristina, la banda apretó los dientes, los bailarines redoblaron el paso sobre el escenario y el público resistió firmemente, convirtiendo la tormenta en una anécdota que dotó al ecuador de la noche de una mística inolvidable. El swing, definitivamente, le ganó el pulso al mal tiempo.

Broche de oro con aroma a La Habana.- Tras la tempestad del viernes, llegó la calidez del Caribe del sábado para cerrar el festival. El grupo The CUBintage fue el encargado de clausurar esta trigésimo primera edición, y lo hizo cambiando radicalmente el paisaje sonoro. Su propuesta de son cubano y latin jazz funcionó como el bálsamo perfecto y encender los motores de una villa abarrotada de turistas dispuesta a gozar.

Con una fusión magistral donde la síncopa del jazz se abraza de forma natural con las raíces más puras del son tradicional, The CUBintage desató una ola de calor tropical bajo la dirección de Yuvisney Aguilar, percusionista de la formación, que se pasó la noche pidiendo «agua», al igual que la carismática Celia Cruz pedia «azúcar».

La flauta, la conga, el contrabajo, el piano, el güiro, la percusión y los ritmos sabrosos envolvieron Ribadesella en una atmósfera festiva y nostálgica a la vez. El público, entregado a la cadencia cubana, despidió el festival bailando y confirmando que, da igual el viento o la lluvia, el jazz en Ribadesella siempre encuentra la forma de brillar.

The CUBintage

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