Ocurrió hace 159 años. En concreto, el 6 de diciembre de 1866. También se conoce la hora exacta de su impacto. Se empotró en la tierra a las 10:30 horas del día señalado. Esos son los datos concretos del decimonónico Meteorito de Cangas de Onís, datos que lo convierten en uno de los más importantes del mundo.
Hoy en día también se sabe que procedía del Cinturón de Asteroides situado entre las órbitas de Saturno y Júpiter, y que en su trayectoría de caída atravesó como un bólido en llamas el cielo de Ribadesella para reventar en la aldea Oliciu, en la parroquia canguesa de Triongu.
La lluvia de piedras generada se desperdigó por La Ortigosa, Parda, Las Canaliegas,… Los fragmentos llegaron incluso a la misma ciudad de Cangas de Onís. Se dice que una de las muestras se recogió en la riega de San Antonio y algunos testigos aseguraron que también llegaron al río Sella.
En total, se recogieron 22 kilos de fragmentos de este meteorito, tarea en la que tuvo gran protagonismo el farmacéutico cangués Manuel González Rubín. De hecho, uno de sus tataranietos aún conservaba una piedra que donó recientemente al Museo de Geología de la Universidad de Oviedo.
Todos estos datos fueron aportados por su director-conservador, Luis Miguel Rodríguez Terente, en una entretenida e ilustrada conferencia organizada por la Asociación Cultural Amigos de Ribadesella. Tras ser presentado por Vicente Arminio, el Doctor en Geología por la Universidad de Oviedo habló sin descanso sobre asteroides, meteoros, meteoritos, bólidos y todo tipo de cuerpos celestes.
Pero puso especial hincapié en el Cangas de Onís, cuyos fragmentos recuperados se encuentran repartidos por 24 museos de Europa y Estados Unidos. La piedra más grande, de casi diez kilos, está en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid. En el Museo de Geología de la Universidad de Oviedo se exponen 12 fragmentos. El mayor pesa 3 kg 178 gr. Uno de sus fragmentos se encuentra en el Museo del Vaticano que cuenta con una de las mejores colecciones de meteoritos del mundo.
El de Cangas de Onís es uno de los aerolitos mejor documentados del mundo, de ahí su importancia. Está compuesto de Hierro (39%), Sílice (34%), Magnesia (9,6%), Cal, Azufre, Alúmina, Soa, Níquel, Potasa, Fósforo, Agua y Oxígeno combinado con otros elementos.
Es más, su edad es de 4.557 millones de años. En su origen formaba parte de un asteroide de 100 km de diámetro y estaba situado 30 km bajo la superficie del mismo. La ciencia conoce que en su rotación, la primera vez que sufrió un impacto de otro cuerpo celeste fue hace 4.538 millones de años. El último fue hace 7,5 millones de años.
Son datos concretos y generales de un asteroide que lleva el nombre de Cangas de Onís porque fue aquí donde explosionó. Ahora bien, si quieren conocerlo en persona, la mejor recomendación es visitar el Museo de Geología de la Universidad de Oviedo, ubicado en el Campus de Llamaquique. La entrada es gratuita y allí se van a encontrar con un auténtico erudito en la materia, con Luis Miguel Rodríguez Terente, que estará encantado de recibir a cangueses, riosellanos y a las gentes del oriente.

Los fragmentos del meteorito expuestos en Oviedo y el tataranieto del farmacéutico que donó el último

