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Tristeza en la playa de Ribadesella tras la muerte del bañista rescatado in extremis en la tarde de ayer

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Tristeza en la playa de Ribadesella tras la muerte del bañista rescatado in extremis en la tarde de ayer

La noticia de la muerte del bañista madrileño rescatado ayer en la playa de Santa Marina fue acogida con enorme tristeza entre los miembros del equipo de salvamento del arenal riosellano. Todos ellos confiaban que el esfuerzo realizado a pie de playa para devolverle las constantes vitales pudiera salvarle la vida. No fue así y ahora toca pensar en lo que pudo haber fallado, si es que falló algo.

El coordinador del servicio de salvamento, Bernardo Suárez, defendió en todo momento la actuación de sus socorristas. Lo hizo tras conocer que algunos usuarios de la playa hablaban de cierta pasividad por su parte. Según explicó, los vigilantes de la playa intervinieron con “frialdad y rapidez» en cuanto recibieron el aviso de un familiar del fallecido. “Uno de ellos vio dos cabezas, se quitó la camiseta y se lanzó hacia ellas. Al percatarse de que había un niño, le dio prioridad y a continuación fue a por el adulto, que se encontraba boca abajo. En ese momento llegó un compañero y con la ayuda de otro bañista lo sacaron a tierra”, explicó.

Una vez en la orilla hubo varios voluntarios que se ofrecieron para participar en la reanimación cardiopulmonar hasta la llegada de los servicios sanitarios, “mucho mas capacitados para realizar ese tipo de maniobras”. De todas formas, el primero en hacerle la RCP fue el mismo socorrista que intervino en el rescate, muy fatigado tras completar la asistencia .

A la hora en la que ocurrió este fatal suceso, hacia las seis y media de la tarde del lunes, en la playa de Santa Marina ondeaba la bandera amarilla, bandera de precaución que también prohíbe el baño en zonas donde el usuario no pueda hacer pie. Los socorristas dedican buena parte de su trabajo diario a alertarlos con el silbato, pero no todos atienden a este tipo de avisos. “A consecuencia de la pandemia, la gente está un poco rebelde y cansada de tantas normas y prohibiciones, algo que también se ve en las playas”, añadió Bernardo Suárez.

En ese momento había siete socorristas en una playa que tiene cerca de un kilómetro de recorrido. Es decir, la plantilla habitual en una jornada como la del lunes. Además, se contaban alrededor de 700 bañistas, por lo que la intervención requería de “dos socorristas en el agua, uno apoyando y el quad, así que no veo pasividad alguna”, insistió. La lancha de salvamento no estaba operativa porque, según Bernardo Suárez, “solo se activa cuando hay bastante personal y las condiciones del mar son las adecuadas”. “Lógicamente con bandera amarilla y el oleaje que había esa tarde no era conveniente activarla, a parte de que la afluencia de bañistas era baja en esos momentos”, añadió.

Al final, el milagro vivido en la tarde del lunes en la playa de Santa Marina se trocó en tragedia durante la mañana de este martes al conocer el fallecimiento del madrileño de 47 años salvado in extremis y reanimado tras recuperarle las constantes vitales. Su corazón había aguantado dos paradas cardiacas a pie de playa. Un tercer infarto en el hospital acabó con su vida.

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