La playa de Vega lleva más de cincuenta años recibiendo ‘bolines de plástico’ y nunca antes se montaron dispositivos de limpieza para su retirada como en la actualidad. Así lo aseguran los vecinos de este núcleo costero riosellano, sorprendidos de lo que están viendo y escuchando durante la última semana. Con su denuncia pública no pretenden reprochar nada a nadie, pero sí dejar evidencia de la verdadera dimensión de la actual crisis de los microplásticos.
“Soy de Vega, llevo toda la vida en Vega y toda la vida hubo bolines. Nunca estuvo plagado de ellas, pero siempre existieron”, afirmó una vecina que prefiere mantenerse en el anonimato. Es más, esta oriunda de Vega recordó haber encontrado un saco lleno de estos diminutos gránulos de polietileno hace alrededor de quince años en uno de sus pasos por la playa. “Lo llevé para casa y con ellas estuvo jugando mi nieta hasta no hace mucho tiempo”, dijo. Pero echando la mirada mucho más atrás, “cuando su madre era una cría y salíamos a costear para pasar la tarde del domingo, siempre nos encontrábamos con las bolines y las crías decían que eran los ojos de los peces”, explicó.
Por esta y otras razones, no hubo vecinos de Vega en la jornada de voluntariado convocada el pasado sábado para la retirada de los microplásticos, aunque sí del limítrofe pueblo de Barreu y otros lugares del concejo. Entre ellos, Santiago del Pozo, vecino de Collera, que asistió al llamamiento “por conciencia social y ambiental”. Lamentó la escasa asistencia de voluntarios, solo diez, pero lo achacó al escaso margen de tiempo. Se convocó el día anterior y “no se pudo movilizar a mas gente, todo fue muy improvisado”, añadió.
Ese sábado, en la playa de Vega se recogieron 500 gramos de bolines, “una a una”. Tocaron a cincuenta gramos por persona, “aunque también recogimos otros tipos de residuos que, por desgracia, abundan en nuestras playas”. De hecho, uno de los objetivos que se marcaron Santiago y su amigo Pablo Cueto con su participación en la campaña pasaba por “cuidar lo nuestro y dar ejemplo o visibilidad al problema de contaminación que tenemos en el mar, en la costa y en las playas”.
Como vecino de Collera, a Santiago del Pozo le preocupa mucho más la situación en la que puedan estar “dos pedrales en los que me crié”, los de Arra y Arbidel, “situados en lugares más recónditos, de difícil acceso, donde resulta complicado coordinar actividades de este tipo, lugares que solo son aptos para valientes, porque a ver quien baja ahí”, añadió. En este sentido, también hay voces en el concejo que reclaman acciones de voluntariado para limpiar El Malecón, el tramo final del río San Pedro que forma una marisma antes de desembocar en el Sella, un auténtico basurero de plásticos y todo tipo de residuos.
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