Ribadesella vivió esta tarde una escena tan inusual como profundamente conmovedora. Dieciséis camioneros de la comarca oriental, en las cabinas de su medio de trabajo -cabezas tractoras de camiones articulados-, se alinearon en caravana con los motores al ralentí, para escoltar el féretro de su compañero Miguel Angel Cambiella Corteguera, fallecido ayer repentinamente en su trabajo, a escasos kilómetros de su domicilio en Berbes. Un cortejo fúnebre motorizado y en absoluto silencio, con el único ruido de sus motores, hasta la Iglesia de San Esteban de Leces, donde familiares, amigos y compañeros le dieron el último adiós.
La concentración comenzó a primera hora de la tarde en el muelle pesquero de Ribadesella, frente a la rula. Uno a uno, los vehículos con crespones negros fueron ocupando su lugar a la espera de la funeraria. No hubo pancartas ni consignas, solo la presencia sobria de quienes compartieron con él miles de kilómetros de asfalto, madrugadas interminables y áreas de servicio.
Miguel Angel Cambiella, camionero de larga trayectoria, falleció mientras desempeñaba su trabajo a los 55 años de edad. La noticia corrió con rapidez por el sector y, en cuestión de horas, sus compañeros decidieron rendirle homenaje de la forma que mejor sabían: conduciendo juntos, como tantas veces hicieron, pero esta vez como despedida en su último viaje.
El funeral se celebra a las cinco de la tarde en la Iglesia de San Esteban de Luces. El féretro fue portado entre aplausos contenidos y abrazos discretos. Dentro, la ceremonia estuvo marcada por palabras de recuerdo hacia un profesional “responsable, solidario y siempre dispuesto a echar una mano”, según destacaron varios compañeros.
Más allá del dolor por la pérdida, la concentración dejó una imagen potente de unidad en un gremio acostumbrado a la soledad de la carretera. “Hoy no venimos como transportistas, venimos como familia”, resumía uno de los asistentes antes de subir de nuevo a su cabina.



