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El espíritu festivo de Les Piragües invade el suroeste de Etiopía gracias a la ilusión de la riosellana María Iglesias

Ribadesella Sociedad

El Descenso Internacional del Sella sigue rebasando fronteras. En las dos últimas ediciones fueron 25 los países participantes, una cifra récord, pero los ecos de la Fiesta de Les Piragües, Fiesta de Interés Turístico Internacional, han llegado este año a un recóndito lugar del planeta, a un país inimaginable. En concreto a una aldea del Suroeste de Etiopía, en las inmediaciones del cuerno de áfrica, una de las zonas más pobres del mundo. 

La encargada de llevar el espíritu de Les Piragües a los nómadas de Nyangatom ha sido María Iglesias una joven riosellana estudiante de Medicina Veterinaria en Lugo. Por primera vez en su vida decidió perderse Les Piragües y no se arrepiente. “Llevo toda mi vida cuadrando fechas para nunca perdérmelas, pero este año decidí venir y he elegido bien”, afirmó. 

Hizo la maleta y se marchó para Etiopía a formar parte de la misión que en ese recóndito lugar desarrollan dos jóvenes misioneros de la Fundación Emalaikat (Comunidad Misionera de Santiago Apostol), Angel Valdivia López y David Scrich Pérez, que llevan años trabajando por el bienestar general de los Nyangatom una tribu de pastores de pastores nómadas y agricultores, una de las tribus indígenas que viven en una zona remota del Este de Africa. 

No obstante, para sentirse cerca de Asturias, cerca de Ribadesella, de sus amigas y sus gentes, en la maleta metió el chaleco y el collar de piragües, además de la bandera de Asturias “para celebrar el día de Les Piragües con mis nuevos amigos etíopes y cantando con ellos la canción de Asturias de Melendi”. El resultado, un hermoso vídeo y unas fotografías que acompañan esta crónica.  

El padre y el tío de María, los veterinarios riosellanos Esteban y David Iglesias, se unieron a la misión hace diez años y desde entonces vienen desarrollando un proyecto solidario en esa zona de Etiopía que han llamado One Health Nyangatom. Allí se dedican a desparasitar los animales de la tribu. Lo hacen año tras año, pero en este 2025 ha sido María quien se ha lanzado a la aventura.

“Este verano decidí venir yo porque tenía muchas ganas de vivir todo lo que mi padre me había contado”, dijo. Su objetivo seguir desarrollando el proyecto veterinario que allí viene desarrollando la familia desde hace diez años, “aunque también ayudo a la enfermera haciendo pruebas de malaria, curando heridas, quemaduras, doy clases de biología a los mayores y paso mucho tiempo con los niños porque me encantan”, añadió. 

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