Antes de las seis de la tarde, a poco más de una hora del pico de la bajamar (19:02h), el canal de la ría del Sella volvió a enseñar sus dientes en forma de rocas recortadas a pie de muelle, en el inicio del Paseo de la Grúa, frente a los estudios de COPE Ribadesella. En cuestión de minutos, el agua se retiró y el calado se redujo pillando desprevenido a un velero recientemente amarrado en ese lugar. El velero vio cómo su quilla se besaba con el lecho del Sella mostrando una leve inclinación de babor.
Como suele suceder ante este tipo de sucesos, decenas de paseantes detuvieron su marcha a lo largo del paseo para retratar la escena. «Mucho barco, pero poca ría», comentaba con sorna un lugareño a sabiendas de que, con la bajamar, el Sella no negocia. En estos casos la paciencia es el mejor timón. Hay que esperar al rescate de la Luna.
Como dicta la ley del mar en estos casos, el único rescate posible pasa por esperar a que la Luna haga su trabajo y comience a subir la marea llenando de nuevo el estuario. Seguro que a las diez o las once de la noche logra recuperar la verticalidad, momento para evaluar posible daños y buscar un lugar de mayor calado donde atracar la embarcación. Quizás en el pantalán de tránsito del puerto deportivo.


