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Un cuarto de siglo tirando de los cepos del Sella. El invento riosellano cumple 25 años

Parres Ribadesella Sociedad

Los cepos del Sella han cumplido 25 años y los voluntarios que en cada edición del famosos Descenso bajan a pie de río para tirar de ellos y liberar las palas de los piragüistas han conmemorado esta efeméride con una comida de aniversario. Todos los años se reúnen en torno a una mesa para recopilar anécdotas y planificar la siguiente edición, pero este último encuentro ha sido un tanto especial al haberse cumplido el primer cuarto de siglo de su implantación. Un sistema de salida que cambió por completo la historia del Descenso Internacional del Sella, reduciendo al máximo los comportamientos antideportivos que habitualmente se registraban en la multitudinaria salida.

Fue en el año 1994 cuando los cepos llegaron al Sella. Lo hicieron de la mano del riosellano Miguel Angel Pérez Aller, por aquel entonces miembro del comité organizador. Su propuesta fue rápidamente aceptada por el presidente Emilio Llamedo Olivera y tras madurarla en el salón de su casa se puso manos a la obra. Lo primero, buscar una empresa para que plasmara y convirtiera en realidad su idea. Pérez Aller contactó con la riosellana Construcciones Metálicas del Cantábrico, ubicada en San Miguel de Ucio y aquel mismo año se construyeron los cepos.

Según recordó Javier Mateos, gerente de la compañía, “la primera muestra se hizo en aluminio, pero como no daba la solidez necesaria, construimos una segunda en hierro que fue la que quedó como definitiva”. Varios años después se amplió el número de cepos y hoy en día es el propio CODIS quien se encarga de su mantenimiento. “Para nosotros fue un orgullo y solo espero que este aniversario pueda servir de recuerdo a quienes participaron en su construcción y ya no están entre nosotros como Ricardo García, Toni Ardines y Fernando Coro”, añadió. En la lista de artífices también incluyó a Jaime Caravia y Tote Casanueva.

El éxito de los cepos del Sella depende, fundamentalmente, de las personas voluntarias que integran el denominado equipo técnico de salida. Este está formado por una treintena de personas, hombres y mujeres de la comarca, que dirige el parragués José Luís Antuña Guerra. Solo él y el piloñés Fernando Vega se mantienen firmes desde un principio. Otros lo dejaron y el resto se fue incorporando con el paso de las ediciones. Entre ellos cuatro mujeres, Eva García, Susi Peruyero, Nides Antuña y Marta Bonilla. Las dos primeras llevan veinte años en el equipo.

Oficialmente son Técnicos de Salida, aunque ellos prefieren que los llamen tiradores o ceperos. Por lo general son siempre los mismos, aunque siempre hay alguna variación. “Cuando empezamos yo trabajan en Castro Urdiales y durante la semana previa al Sella venía todas las noches para ensayar la salida”, explicó Guerra. Hoy en día no hace falta, “solo hacemos un simulacro el día anterior, después de la ceremonia de izado de banderas”, añadió el jefe de equipo.

Los cepos acabaron con las picarescas y pillerías en la salida, pero con el tiempo también se hizo necesario extremar la vigilancia para evitar su sabotaje. En la actualidad el CODIS siempre contrata un servicio nocturno de vigilancia que evita la presencia de intrusos en la zona y establece un cordón de seguridad a la hora de la salida. Un momento que cada tirador vive con intensidad y con la satisfacción del deber cumplido. Un trabajo que cada año cuenta con la recompensa de una comida a la que también asistieron el presidente del CODIS, Juan Manuel Feliz y el juez árbitro Carlos Piélagos.

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