Cuando la población de Ribadesella se multiplica exponencialmente en cuestión de horas, las leyes de la física y del urbanismo tradicional colapsan. Las calles estrechas, los accesos a los praos de acampada provisionales, los paseos fluviales y las arterias principales quedan bloqueados por una marea humana.
Es ahí donde entra en juego la otra cara de la seguridad vial. Mientras la Guardia Civil y las policías locales despliegan operativos colosales por tierra, mar y aire, la villa de Ribadesella recupera un servicio esencial en estas fechas festivas, la grúa, instrumento que junto a los agentes de tráfico se convierte en los árbitros más implacables del fin de semana. Su misión: mantener abiertas las vías de emergencia para ambulancias, bomberos y cuerpos de seguridad ante cualquier contingencia.
No se retiran vehículos por capricho, sino aquellos que impiden el paso de otros o llevan varios días estacionados en zonas totalmente restringidas a estacionamiento. Estos días, de fiesta, la grúa no descansa. Estamos ante un mal necesario en la gran fiesta de Les Piragües.

La avenida de Tito Bustillo a rebosas de coches
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La grúa ya de paso , podría aprovechar a retirar unos cuantos coches , que están abandonados por el muelle .