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Unas Manos Curtidas para trabajar mas y mejor por los enfermos de cáncer

Ribadesella Sociedad

La delegada en Ribadesella de la Asociación Española Contra el Cáncer, Verónica Blanco, fue la encargada de recoger el premio Manos Curtidas que anualmente entrega la tertulia femenina El Garabato. Lo hizo de manos de Isabel Do Santos, componente de esa plática cultural que en el último año ha sufrido la pesadilla de la enfermedad. El galardón pretende reconocer la incansable labor que el colectivo lleva a cabo en favor de los enfermos y de sus familias. Y para potenciar ese trabajo, Verónica Blanco pidió “mas voluntarios para el día a día de la asociación en el concejo” y agradeció la distinción. En definitiva, “unas Manos Curtidas que servirán para trabajar mas y mejor por los enfermos de cáncer”, apuntó Lola Ovejero, una de las responsables de AECC en Asturias.

Este fue el acto central de los XI Encuentros Manos Curtidas celebrados en la Casa de Cultura de Ribadesella, pero no el único. El Garabato entregó, por primera vez en sus ya largos años de andadura, una mención especial a las sagas familiares del concejo. Y ese primer reconocimiento fue para los fotógrafos Hevia, estirpe dedicada al arte de la instantánea que se inició con Jesús Hevia y que ya se encuentra en su cuarta generación gracias a sus cinco biznietos, Jonathan, Mónica, Tamara, Isaac y Antonio José. Entre medias, el abuelo Aurelio y a continuación los tres hijos de este, Pedro, María del Carmen y Juan Luís. Este fue el emocionado portavoz de la familia.

En los encuentros no faltó la habitual tertulia de Manos Curtidas dirigida por Javier Mateos, con tres interlocutores entrados en años que demostraron un desparpajo propio de la eterna juventud. Entre ellos, la que durante 25 años fue cocinera de las escuela pública de Ribadesella, “donde hice mucho arroz con leche y fabada”. Marisa Cerra Covián recordó con nostalgia a su marido y aprovechó la ocasión para presumir de nietos. La segunda invitada fue María José Soto, una pionera del comercio que llevó el kiosko a la playa y montó la primera tienda de retales de la villa. También fue alcaldesa consorte durante quince años, al estar casada con el que fuera regidor Juan Ureta. Y entre medias de dos mujeres, un santo varón procedente de Toriellu, el hostelero y mariscador Pepe Tista. Al margen del éxito de su negocio, de lo que mas orgulloso está es de haber sido mariscador desde los 24 años hasta la jubilación “sin saber nadar y con un solo susto en mi vida en la playa de Arra”, recordó.

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