Al caer la noche de este sábado 4 de julio, la villa marinera de Ribadesella ha vuelto a ser testigo de uno de sus momentos más íntimos y sobrecogedores del año: la bajada de la Virgen de Guía desde su ermita en lo alto del monte Corberu hasta la iglesia parroquial de Santa María Magdalena.
El goteo de fieles y curiosos desafiando la pendiente del monte comenzó a media tarde. Unos por la cuesta de Guía, otros otros por la escalinata del Coberu. Cada uno a su ritmo y con paradas para recuperar el ‘resuellu’. Y una vez arriba, una vez alcanzado el promontorio, el mejor de los regalos, la grandiosa panorámica del estuario del Sella con la villa a la izquierda y la playa de Santa Marina a la derecha, rematada por el monte Somos.
Con las últimas luces del día ya extintas, tras la novena, las puertas de la ermita se abrieron de par en par. Y al asomar la imagen de la Virgen, un silencio respetuoso se adueñó de los presentes. Fue entonces cuando el monte Corberu cobró vida propia: cientos de velas comenzaron a encenderse, dibujando una serpiente de luz que zigzagueaba ladera abajo.
Paso a paso, con el ritmo pausado que exige el terreno y el respeto a la tradición, la procesión fue descendiendo por el sinuoso camino, dejando atrás la silueta de la ermita y fundiéndose poco a poco con el entramado urbano de la villa. A medida que la comitiva se acercaba a la Plaza del Ganau (Plaza de la Atalaya) el silencio dejó paso a los sones tradicionales de las gaitas y tambores de la banda Picos de Europa.
La fuerza de su resonar se alargó hasta alcanzar el puerto, porque frente a la rula, les estaba esperando el Coro La Fuente para entonar el Himno en honor a la Patrona y la Salve Marinera junto al enjambre de marineros y pescaderas de varias generaciones que flanqueaban la imagen de la Virgen.
Finalmente, la comitiva se dirigió al templo parroquial y cruzó el umbral de la iglesia entre el olor a incienso y el fervor de un pueblo que no olvida sus raíces marineras más profundas. La Virgen de Guía ha bajado del monte para estar cerca de los suyos. La noche riosellana, un año más, ha cumplido con su promesa.

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