Después de un verano de escaso sol, pero con buena temperatura, numerosas zambullidas y chapoteos en la playa de La Atalaya, las habituales usuarias de este arenal riosellano se volvían a reunir en torno a una mesa para despedir el verano y afrontar el largo período invernal con la ilusión del regreso al mágico lugar que las está esperando como guardianas que son de él.
Porque este creciente grupo de mujeres que cada temporada estival disfruta de las bondades de La Atalaya se ha trocado en su principal vigía. Son sus Ninfas. Ellas la cuidan, la limpian y la miman. Por ese motivo, sufren cuando el vandalismo nocturno la mancilla y la daña. Este año fueron 37 las Ninfas de La Atalaya que acudieron a la cena de confraternización. Enhorabuena por el trabajo y hasta el año que viene.

