La noche del Viernes Santo en Ribadesella se envuelve cada año en un silencio denso, solo roto por las tradicionales marchas interpretadas por la Banda de Música de Noreña. La procesión del Vía Crucis avanza lentamente desde la iglesia de Santa María Magdalena, donde previamente se ha celebrado el rito interior que recuerda la Pasión de Cristo, y se derrama después por las calles de la villa como un río de luz y recogimiento.
A la tenue iluminación de las velas, cientos de fieles acompañan las imágenes -El Nazareno, La Dolorosa, el Cristo Crucificado y el Cristo Yacente- portadas con solemnidad por los cofrades. Incluso los más jóvenes encuentran su espacio en la comitiva con un paso infantil, reflejo de una tradición que se transmite de generación en generación.
Más que un acto religioso, el Vía Crucis de Ribadesella es una experiencia colectiva de identidad y memoria. Vecinos y visitantes se funden en una misma emoción, acompañando un recorrido que no solo revive la Pasión de Cristo, sino que reafirma el vínculo profundo entre la tradición, la fe y la comunidad.




Me gustó mucho la posición de ribadesella