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Los efectos del cambio climático en el salmón atlántico y en la sidra asturiana

Onís Ribadesella Sociedad
Los efectos del cambio climático en el salmón atlántico y en la sidra asturiana

Cada vez son más los que piensan que el cambio climático está transformando profundamente la identidad de Asturias, amenazando de forma directa a dos de sus mayores símbolos culturales y económicos: el salmón atlántico de sus ríos y la graduación alcohólica de su sidra tradicional. 

Mientras las cuencas fluviales sufren un colapso ecológico que arrastra a los peces migrantes hacia otros lugares del norte, les pumaraes (plantaciones de manzanos) experimentan alteraciones térmicas que endulzan la fruta de forma anómala, elevando el volumen de alcohol en los lagares profesionales y particulares. 

Entre los que defienden la teoría del salmón atlántico se encuentra Carlos Blanco, veterano ribereño del concejo de Ribadesella. Quien le puso sobre la pista fue su hijo, meteorólogo de profesión. Los dos lo tienen claro: “Los salmones del Cantábrico van a desaparecer de nuestros ríos porque, hasta ahora, este era el lugar más meridional al que bajan desde Groenlandia, pero como la temperatura del agua ha subido por efecto del cambio climático el salmón se queda en los ríos del norte donde aún se mantiene fría”, explicó Carlos Blanco. 

Así que el que a partir de ahora quiera pescar salmones tendrá que viajar al norte de Europa. La inmensa mayoría de los ribereños del Sella no lo ven como este compañero de Santianes del Agua y achacan la escasez a otros motivos paralelos como el aumento de los depredadores, la contaminación de los ríos, la excesiva presencia de canoas o la pesca en alta mar. Carlos Blanco cree que estas causas no son el origen del problema aunque “sirven para acelerar el proceso, pero nada más”. 

Por otro lado, entre los que ya hablan abiertamente de un cambio molecular en la sidra asturiana se encuentra Pepín Díaz, uno de los máximos defensores de la cultura tradicional que consiste en elaborar sidra de forma particular en el llagar de casa. “Este año hay que tener cuidao con la sidra porque viene con mucha graduación, así que con dos botellas te puedes ir la lona”, bromeó este martes en los micrófonos de la COPE. 

La explicación es evidente. El pasado verano hubo mucho sol y calor. “Cuanto más sol, más azúcar y más alcohol. Si no cambian las cosas creo que de aquí en adelante va a subir el grado de la sidra porque cada vez hace más calor”, añadió. De hecho, este año ha visto sidras de casa con 7,5 grados, cuando la normativa industrial está entre 5 y 6. “Hasta 6 es normal, pero de ahí para arriba no es habitual”, afirmó el vecino de Sirviella. 

En ese pueblo de Onís, Pepín Díaz organiza el sábado una nueva edición del festival de Sidra y Tortilla en el que no faltarán los concursos de sidra casera y tortilla. Los participantes en el primero deben aportar una caja de sidra en botella tradicional sin etiquetas ni marcas. Los competidores en el segundo tienen libertad de estilo, pero deben llevar al menos cuatro güevos. 

En definitiva, la crisis ambiental no se limita al agua dulce de nuestros ríos; también trepa por las raíces de les pomaraes asturianes. El clima mediterráneo gana terreno en el norte peninsular, transformando el comportamiento de los salmones y de las manzanas de sidra. 

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