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Un audiovisual de Pablo Casanueva, destaca el papel de las mujeres en el descubrimiento de las pinturas rupestres de Ribadesella

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Un audiovisual de Pablo Casanueva, destaca el papel de las mujeres en el descubrimiento de las pinturas rupestres de Ribadesella

El Centro de Arte Rupestre Tito Bustillo de Ribadesella estrenará el próximo sábado, 5 de marzo, a las doce del mediodía, un audiovisual sobre el papel de la mujer en el descubrimiento de la cueva paleolítica riosellana. Quiere sumarse así a los actos institucionales que se celebrarán a lo largo de este mes en todos los rincones de Asturias.

Entre los diez miembros del Grupo de Montaña Torreblanca que se encontraron con las pinturas rupestres riosellanas en abril de 1968 había seis hombres y cuatro mujeres: Eloísa Fernández Bustillo, Amparo Izquierdo Vallina, Pilar González Salas y María pía Posada Miranda. El estreno va a contar con la participación de las dos Amparo y Eloísa, esta última hermana del joven que da nombre a la cueva Celestino Fernández Bustillo, ‘Tito Bustillo’, fallecido el 1 de mayo de aquel mismo año, quince días después del descubrimiento.

El encuentro servirá para conocer de primera mano cómo vivieron ellas el hallazgo de una cueva que con el tiempo fue declarada Patrimonio Mundial por la UNESCO y cómo era la vida de una mujer deportista 54 años atrás. Lo harán después de visionar el audiovisual dirigido por el cineasta local Pablo Casanueva. “Una experiencia muy positiva y agradable, porque Pablo nos lo pone todo muy fácil, fue un buen día y sin ningún problema”, afirmó Eloísa. Este vídeo pasará a formar parte de la exposición permanente del centro cultural.

A Eloísa Fernández Bustillo le queda muy lejos aquel hallazgo. Además, “fue tan revivida en los años posteriores, que al final no sabes si es exactamente lo que pasó o lo que crees que pasó”. Aún así, la recuerda como una “aventura”, como una “casualidad buscada” que, por sí sola, le dejó una “gran huella”. Posteriormente, el añadido e inesperado descubrimiento la convirtió en “algo mas que una aventura”. Las primeras pinturas que se encontraron fue el Camarín de las Vulvas. Y el encargo de dar la voz de alarma fue el riosellano Adolfo Inda, “que empezó a llamarnos y nadie le hacía caso”.

Medio siglo después Eloísa y sus compañeros de expedición se sienten “plenamente reconocidos” por la sociedad asturiana y riosellana. Al principio “no nos hicieron mucho caso, aunque tampoco nos importó”. Pero treinta y cinco años después empezaron los homenajes que “nos dejaron un poco abrumados, porque al menos yo creo que no tienen por qué reconocernos nada”. Su principal y único mensaje, el que quiere enviar a las futuras generaciones, es que aquel grupo de jóvenes entusiastas tuvieron la suerte de encontrarse con un tesoro cultural que respetaron desde el primer momento, “las concebimos como pinturas auténticas, informando a las autoridades para que tomaran cartas en el asunto”.

En aquel Grupo de Montaña Torreblanca había muchas mujeres, “tantas como hombres, aunque no todas se apuntaban a las actividades de espeleología, la mayor parte se inclinaban por la escalada o el senderismo”. Tras el descubrimiento, Eloísa incrementó la actividad cavernaria, pero cuando los estudios la llevaron a Madrid se acabó desvinculando del grupo y de la espeleología. Este sábado se acercará de nuevo a su entrada para recordar aquel momento junto a Amparo Izquierdo.

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