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Riosellanos ilustres y populares que descansan en el camposanto de La Cuesta

Ribadesella Sociedad

En este miércoles 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, nos hemos sumado a los muchos riosellanos que a lo largo de la jornada visitan el cementerio para encontrarse con sus seres queridos. Ha sido una experiencia memorable porque, justo a la entrada del camposanto, en el barrio de La Cuesta, me encontré con el escritor local Toni Silva que me hizo de guía y cicerone por los sepulcros más significativos de la necrópolis local. 

En ese recorrido funerario pude encontrarme con las tumbas de buenos amigos y populares vecinos que fueron de este concejo como Julio Díaz Quirós, Julio el de la Guía, o el añorado Tito Celorio, Tito el de La Bohemia, del que ya se han cumplido 25 años de su fallecimiento. Tito comparte lápida con su mujer, la empresaria hotelera Lidu Quesada, fallecida en 2015. 

En este cementerio riosellano, como en la inmensa mayoría, predominan los nichos aunque  tampoco faltan panteones y mausoleos. Entre ellos, los de familias ilustres como la de Ramón Cifuentes, impulsor de la firma Partagás en La Habana o la de Manuel Martínez, empresario que levantó el Palacio de La Piconera. 

Entre todos ellos destaca el panteón de la familia de Silverio Cangas, una construcción vertical que se asemeja a las arquitecturas maya o azteca. Pero también encontramos sencillas tumbas como la de Félix de Aramburu Zuloaga, el que fuera jurista y poeta romántico nacido en Oviedo que tras fallecer en Madrid, quiso ser enterrado junto a su gran familia en Ribadesella. 

Entre artistas y creadores locales destacamos el panteón de la familia Uría Aza en el que descansan los restos mortales de Antonio, Bernardo y Tino. Ellos son los autores de las pinturas que decoran la iglesia parroquial de esta villa. 

Nos hemos encontrado con la tumba de un gran filántropo y su familia, el sepulcro del gran benefactor local Dionisio Ruisánchez, que da nombre a la única fundación benéfica del concejo . También con la de Ricardo Cangas, el que fuera doctor y director del periódico local La Atalaya. O la lápida de Félix Suárez, ‘el cura vieyu’, el que fuera párroco de esta villa durante cincuenta años. Según nos contó Toni Silva, Félix «vivía en el muelle, entre los marineros y era muy querido, además de muy forzudo, tanto que se decía que doblaba monedas de Petrona con los dedos». 

Un emotivo recorrido por el camposanto riosellano en el que también hemos coincidido con Jesús Manuel Fernández Malvarez, uno de los descubridores de las pinturas rupestres de la cueva Tito Bustillo. Malvárez estaba visitando la tumba de su padre, Daniel Fernández Pichel, un zamorano que tras asentarse en esta villa fue escribiente del Ayuntamiento de Ribadesella entre otras muchas cosas. Una vida la suya que Toni Silva recordaba recientemente en un artículo publicado en la revista Plaza Nueva de los Amigos de Ribadesella. 

Sin duda, merece mucho la pena visitar un cementerio y no tiene por qué ser en este día. Está muy bien visitar y recordar a los difuntos, pero estos lugares están cargados de historias, recuerdos y mucho arte funerario. 

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